Un equipo de investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche ha identificado un mecanismo que ayuda a explicar por qué el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 aumenta con el envejecimiento. El descubrimiento, difundido el 15 de octubre de 2026, señala a unas células del páncreas que hasta ahora habían recibido menos atención: las células alfa, responsables de producir glucagón, una hormona fundamental para regular el azúcar en sangre.
La investigación, dirigida por el científico Iván Quesada, ha encontrado que el envejecimiento altera el funcionamiento de estas células y favorece una liberación excesiva de glucagón. Este desequilibrio puede contribuir a mantener elevada la glucosa en sangre, especialmente cuando el organismo también presenta resistencia a la insulina.
Los resultados se han observado principalmente en experimentos con ratones y se han complementado con datos clínicos de personas de mayor edad. El hallazgo abre nuevas posibilidades para investigar la prevención y el tratamiento de la diabetes tipo 2, aunque todavía no se ha desarrollado una terapia específica a partir de él.
Contenido
El descubrimiento que cambia la forma de estudiar el envejecimiento del páncreas
Durante décadas, buena parte de la investigación sobre la diabetes se ha centrado en las células beta del páncreas, encargadas de producir insulina.
Esta hormona permite que el organismo utilice y almacene la glucosa y contribuye a reducir su concentración en sangre.
Cuando las células beta no producen suficiente insulina o los tejidos dejan de responder adecuadamente a ella, aparecen dificultades para mantener niveles normales de glucosa.
Sin embargo, el páncreas también contiene otras células que participan en el control del azúcar.
Entre ellas destacan las células alfa, responsables de fabricar y liberar glucagón.
La investigación desarrollada en Elche demuestra que estas células también experimentan cambios relevantes con la edad.
Los científicos observaron un aumento de su actividad y alteraciones en su estructura y funcionamiento que pueden contribuir a una regulación inadecuada de la glucosa.
El hallazgo amplía la comprensión de la diabetes asociada al envejecimiento: el problema no depende únicamente de que el organismo produzca menos insulina o responda peor a ella, sino también de cómo funciona el sistema hormonal que actúa en sentido contrario.
Insulina y glucagón: dos hormonas que deben trabajar en equilibrio
Para comprender la importancia del descubrimiento conviene conocer cómo regula el organismo la concentración de azúcar en sangre.
La insulina y el glucagón son dos hormonas producidas en el páncreas que desempeñan funciones complementarias.
Cuando comemos y aumenta la glucosa en sangre, la insulina facilita que las células utilicen esa energía y que parte de ella se almacene.
En cambio, cuando pasamos varias horas sin comer y la glucosa disminuye, el glucagón estimula al hígado para que libere más glucosa al torrente sanguíneo.
Ambas hormonas resultan necesarias para mantener el equilibrio metabólico.
| Característica | Insulina | Glucagón |
| Células que la producen | Células beta | Células alfa |
| Órgano principal de producción | Páncreas | Páncreas |
| Efecto principal | Reduce la glucosa en sangre | Aumenta la glucosa en sangre |
| Cuándo suele aumentar su liberación | Después de comer | Durante el ayuno o ante una bajada de glucosa |
| Relación con la diabetes tipo 2 | Puede existir resistencia a su acción y secreción insuficiente | Su regulación puede alterarse y contribuir a la hiperglucemia |
El problema aparece cuando esa coordinación deja de funcionar correctamente.
Si el glucagón permanece demasiado elevado, el hígado puede continuar liberando glucosa incluso cuando el organismo no necesita aumentar su concentración.
Esta situación puede agravar la hiperglucemia, uno de los principales problemas metabólicos de la diabetes tipo 2.
Qué ocurre con las células alfa cuando envejecemos
El equipo investigador analizó el comportamiento de las células alfa en ratones envejecidos, tanto con sensibilidad normal a la insulina como con resistencia a esta hormona.
Los resultados mostraron que los animales de mayor edad presentaban concentraciones elevadas de glucagón en sangre, una situación conocida como hiperglucagonemia.
También se detectaron cambios en diferentes características de las células alfa.
Entre las alteraciones observadas destacaron:
- Aumento de la masa de células alfa: se detectaron cambios en la cantidad de tejido formado por estas células.
- Mayor contenido de glucagón: las células presentaban una cantidad elevada de esta hormona.
- Dificultades para frenar su liberación: se alteraban los mecanismos que normalmente permiten reducir la secreción de glucagón.
- Estrés celular: aparecieron señales de alteración en estructuras encargadas de fabricar y procesar proteínas.
- Cambios en la organización del páncreas: se modificaban algunas características de la distribución de las células dentro de los islotes pancreáticos.
Estas alteraciones aparecieron incluso en animales envejecidos que conservaban una sensibilidad normal a la insulina.
No obstante, los cambios fueron generalmente más pronunciados cuando también existía resistencia a la insulina.
El resultado sugiere que el envejecimiento puede afectar directamente a la regulación del glucagón y que otros problemas metabólicos pueden intensificar sus consecuencias.
La resistencia a la insulina agrava los cambios asociados a la edad
La resistencia a la insulina aparece cuando las células del organismo responden peor a esta hormona.
Para compensarlo, el páncreas puede necesitar liberar más insulina.
Con el tiempo, si el organismo no consigue mantener ese esfuerzo, pueden aparecer concentraciones elevadas de glucosa en sangre.
La investigación de Elche indica que la resistencia a la insulina también puede empeorar las alteraciones que experimentan las células alfa durante el envejecimiento.
En los ratones estudiados, la combinación de edad avanzada y resistencia a la insulina se relacionó con cambios celulares más acusados.
Esto ayuda a comprender por qué diferentes factores de riesgo pueden actuar de forma conjunta.
El envejecimiento no provoca inevitablemente diabetes tipo 2, pero puede aumentar la vulnerabilidad del organismo cuando coincide con obesidad, sedentarismo, antecedentes familiares u otras alteraciones metabólicas.
Qué es el estrés celular observado en el páncreas
Los investigadores encontraron signos de estrés en el retículo endoplasmático de las células alfa.
Se trata de una estructura celular que participa en la fabricación, el procesamiento y el control de calidad de numerosas proteínas.
Cuando su funcionamiento se ve alterado, las células pueden tener dificultades para realizar correctamente determinadas tareas.
En este caso, los cambios observados podrían contribuir a la secreción inadecuada de glucagón.
No significa que el estrés psicológico cotidiano sea la causa directa de estas alteraciones.
El concepto hace referencia a un proceso biológico que ocurre dentro de las células y que puede relacionarse con diferentes condiciones metabólicas.
Los resultados también encuentran una relación en personas mayores
La investigación no se limitó a observar el comportamiento del páncreas en animales.
Los científicos complementaron los experimentos con un análisis de datos clínicos del estudio CORDIOPREV, dirigido en esta parte del trabajo por el investigador José López Miranda, de la Universidad de Córdoba.
Los resultados mostraron que las personas de mayor edad con concentraciones elevadas de glucagón presentaban un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Además, entre quienes tenían resistencia a la insulina se detectaron niveles especialmente altos de esta hormona.
Estos resultados son relevantes porque apuntan en la misma dirección que los experimentos realizados con ratones.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental.
Observar que dos factores están relacionados no demuestra por sí solo que uno sea la causa directa del otro.
Por tanto, los datos clínicos no permiten asegurar que reducir el glucagón en todas las personas mayores evitaría la aparición de diabetes.
Para comprobarlo serían necesarias nuevas investigaciones y ensayos clínicos diseñados específicamente para evaluar esa posibilidad.
¿Podría este descubrimiento ayudar a prevenir la diabetes tipo 2?
El estudio abre una vía de investigación sobre cómo influye el glucagón en la diabetes relacionada con la edad.
Hasta ahora, muchos tratamientos se han centrado en mejorar la acción de la insulina, aumentar su disponibilidad o reducir la producción y absorción de glucosa mediante diferentes mecanismos.
El nuevo trabajo refuerza la necesidad de estudiar también la función de las células alfa y sus alteraciones durante el envejecimiento.
Los investigadores consideran que estas células y el glucagón podrían convertirse en objetivos de futuras estrategias terapéuticas.
No obstante, el descubrimiento no significa que exista ya un nuevo medicamento capaz de prevenir la diabetes asociada a la edad.
Tampoco implica que bloquear por completo el glucagón sea una solución adecuada.
Esta hormona cumple funciones esenciales, especialmente cuando los niveles de azúcar descienden demasiado.
Cualquier intervención debería preservar el equilibrio necesario para evitar tanto la hiperglucemia como la hipoglucemia.
El siguiente paso será comprender mejor qué cambios celulares pueden modificarse de forma segura y si intervenir sobre ellos mejora realmente la salud metabólica de las personas.
Qué factores aumentan el riesgo de diabetes tipo 2 al envejecer
Aunque el descubrimiento aporta información sobre un mecanismo biológico, la diabetes tipo 2 es una enfermedad compleja en la que intervienen numerosos factores.
La edad es uno de ellos, pero no determina por sí sola que una persona vaya a desarrollar la enfermedad.
Entre los factores más conocidos se encuentran los antecedentes familiares, el exceso de grasa corporal —especialmente abdominal—, la inactividad física y determinadas alteraciones metabólicas.
También pueden influir los antecedentes de diabetes gestacional y enfermedades relacionadas con la resistencia a la insulina.
La probabilidad de desarrollar diabetes depende de la combinación de estos elementos y de características individuales.
Por eso, el aumento de riesgo asociado al envejecimiento no debe interpretarse como una consecuencia inevitable de cumplir años.
Cómo reducir el riesgo de diabetes tipo 2 después de los 50 o 60 años
El nuevo estudio no modifica las recomendaciones preventivas que cuentan con respaldo clínico.
Aunque las células alfa puedan desempeñar un papel más relevante del que se conocía, las medidas dirigidas a mejorar la salud metabólica siguen siendo útiles.
Entre ellas destacan:
- Mantener actividad física regular, combinando ejercicio aeróbico y fortalecimiento muscular según la capacidad de cada persona.
- Seguir una alimentación equilibrada, con presencia habitual de verduras, legumbres, alimentos ricos en fibra y fuentes de proteínas adecuadas.
- Controlar el exceso de grasa corporal, especialmente cuando existe obesidad abdominal.
- Evitar el tabaquismo y limitar el consumo de alcohol.
- Dormir suficientemente y atender problemas persistentes de sueño.
- Realizar controles médicos cuando estén indicados, especialmente si existen antecedentes familiares u otros factores de riesgo.
La actividad física merece especial atención porque puede mejorar la sensibilidad a la insulina.
Además, mantener la masa muscular durante el envejecimiento contribuye a conservar la capacidad funcional y favorece el aprovechamiento de la glucosa por los tejidos.
Las medidas preventivas deben adaptarse a la situación clínica de cada persona, especialmente cuando existen enfermedades crónicas o limitaciones físicas.
Qué síntomas pueden indicar que la glucosa está demasiado alta
La diabetes tipo 2 puede desarrollarse lentamente y permanecer durante años sin provocar molestias evidentes.
Por eso, algunas personas descubren que tienen la enfermedad durante una analítica realizada por otro motivo.
Cuando aparecen síntomas, pueden incluir:
- Sed excesiva.
- Necesidad de orinar con mayor frecuencia.
- Cansancio persistente.
- Visión borrosa.
- Pérdida de peso sin explicación aparente.
- Heridas que tardan en cicatrizar.
- Infecciones recurrentes.
Ninguno de estos síntomas confirma por sí solo un diagnóstico de diabetes.
Si aparecen o existen factores de riesgo importantes, conviene consultar con un profesional sanitario para valorar la necesidad de realizar pruebas.
El diagnóstico suele basarse en determinaciones de glucosa en sangre o hemoglobina glucosilada (HbA1c), siguiendo los criterios clínicos correspondientes.
Medir el glucagón no forma parte de las pruebas habituales para diagnosticar diabetes tipo 2, y este estudio no propone sustituir las pruebas convencionales por una determinación de esa hormona.
Qué falta por investigar antes de que el hallazgo llegue a los pacientes
Los resultados ofrecen una explicación biológica prometedora, pero todavía existen preguntas que deben resolverse.
La primera consiste en determinar hasta qué punto los cambios observados en los ratones se reproducen en las células alfa humanas durante el envejecimiento.
La segunda es comprobar si esas alteraciones desempeñan un papel causal en el desarrollo de la enfermedad o si actúan junto con otros mecanismos metabólicos.
También será necesario estudiar si pueden corregirse de manera segura y si hacerlo reduce el riesgo de diabetes o mejora su control.
Por último, habrá que determinar qué personas podrían beneficiarse de futuras intervenciones, porque no todos los pacientes con diabetes tipo 2 presentan las mismas alteraciones hormonales.
La investigación dirigida desde Elche supone un avance en el conocimiento de la enfermedad, pero todavía pertenece al terreno de la investigación experimental y clínica, no al de un nuevo tratamiento disponible.
El páncreas puede guardar nuevas claves para comprender la diabetes asociada a la edad
El descubrimiento de los investigadores de la Universidad Miguel Hernández amplía la forma de entender la relación entre el envejecimiento y la diabetes tipo 2.
Durante mucho tiempo, la atención se había concentrado especialmente en la producción de insulina y en la respuesta del organismo a esta hormona.
Los nuevos resultados muestran que las células alfa y la regulación del glucagón también pueden alterarse con la edad, contribuyendo a un equilibrio metabólico menos eficaz.
La coincidencia entre los experimentos con animales y las asociaciones observadas en personas mayores ofrece una base para continuar investigando, aunque todavía no permite establecer nuevas recomendaciones terapéuticas.
La principal aportación del estudio es recordar que la diabetes no depende únicamente de una hormona que funciona peor, sino del equilibrio entre varios mecanismos que cambian con el paso del tiempo. Comprenderlos con mayor precisión podría abrir futuras opciones de prevención y tratamiento. Mientras tanto, conservar unos hábitos saludables y realizar los controles médicos adecuados sigue siendo la mejor estrategia disponible para reducir el riesgo.
